



La más grande creación de Dios es el ser humano, creo al hombre y a la mujer, y donde demostró su magnánimo amor es en la maternidad, está es sin duda el acto de amor más grande que existe.
Ser mama es ser amor, nobleza, entrega, aceptación y los más grandes valores, todas las mujeres tienen el mas grande ejemplo de esto con nuestra santísima madre la Virgen María.

Desde nuestro nacimiento, las primeras manifestaciones que recibimos, aún sin la conciencia de lo que significa, son del amor que, obviamente, nos agrada. En la medida de nuestro crecimiento, en la vida saboreamos y comprobamos el amor que recibimos; vamos apreciando el cariño, las atenciones, la entrega a nosotros y por nosotros. Así aprendemos a amar y a ofrecer también nuestro corazón y nuestra vida.

Advertimos, al caminar por la vida, que el corazón tiene sus preferencias e inclinaciones naturales en su relación con las personas; establece sus jerarquías y decide a quién y cómo amar. Todos hemos vivido la experiencia de amar y ser amados.
Quizá hemos pasando por algunos periodos o circunstancias de la vida, en los que no hemos tenido en cuenta o no damos suficiente importancia al amor. Preguntémonos hoy: ¿Sé quiénes me aman de verdad y cuánto me aman? ¿Con quiénes puedo decir que tengo esa relación profunda, confiada, límpida, que se llama amor? Seguramente contamos con aquellos a quienes Dios nos ha dado en nuestra familia o en los amigos; los apreciamos, les damos cariño, confiamos en ellos y tenemos seguridad en ellos; vivimos una relación de amor que nos permite experimentar gozar este gran don de Dios. Sin duda ha pensado Usted, amable lector, en lo mucho que ama y se ha preguntado quiénes le aman de verdad ¿A quién ama Usted sinceramente? ¿Qué tan grande es ese amor?

Todo encuentro entre personas dice una forma de relación. Podemos hablar de buenas o malas relaciones, de relaciones ocasionales, engañosas, convenencieras, utilitaristas, fraternas, de amistad y plena solidaridad etc. etc. pero sólo cada uno sabe lo que realmente lleva en su corazón. Las auténticas relaciones humanas siempre son cordiales, afectivas, sinceras, transparentes, de donación y entrega sin regateos, fieles, perseverantes de solidaridad permanente. Nuestras relaciones revelan lo que apreciamos y vemos en las personas, en la vida, dejan ver nuestras convicciones y principios, las actitudes que guardamos y nuestra manera de dar valor a la persona, más por el trato que por las palabras. Escuchar y seguir a una persona, es expresión de amor.
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